martes, 17 de febrero de 2009

Lost is lost

No sé si en España están dando ya la quinta temporada de Lost, recién estrenada en EEUU. Aquí en Irlanda sí, y de todas formas los capítulos ya están disponibles en internet, con subtítulos incluso si se quiere. El caso es que, a pesar de que las críticas generalmente están siendo bastante buenas, a mí esta temporada me está decepcionando hasta límites insospechados. Para empezar, Lost empezó siendo una serie de náufragos con un toque sobrenatural que la hacía interesante, y ha terminado siendo una serie de ciencia-ficción con cada vez más flecos sueltos, y en la que lo de menos es si los personajes están en una isla, en un barco o en una nave alienígena.

Además, en las primeras temporadas la clave eran los personajes, sus historias pasadas y su influencia en sus reacciones en la isla (con algunos capítulos excelentes, como los dedicados a John Locke, por ejemplo). De ahí el original esquema narrativo a base de flashbacks (flashforwards en la cuarta temporada), que le daban a la serie una personalidad inconfundible. Bueno, pues en esta quinta temporada no sólo los personajes dan absolutamente igual -no hay ninguno nuevo, y los que hay importan bastante poco, porque ya han pasado demasiadas veces de ser buenos a malos a buenos a malos-, sino que se ha renunciado al método narrativo anterior, y ahora ya todo ocurre "en tiempo real", y los saltos temporales los dan los personajes porque, oh maravilla, la isla se ha convertido en una máquina del tiempo gigante.

Si es verdad lo de que "mal de muchos, consuelo de tontos", entonces los fans de Lost pueden estar tranquilos: males similares aquejan a otras series como Prison Break (de la que yo me desenganché al comienzo de la tercera temporada) o Heroes, que como siga dando vueltas a las mismas situaciones en torno a los mismos cinco o seis personajes, va a terminar produciendo mareos. Se ve que es más fácil -relativamente, claro- tener una buena idea para una serie dramática, que saber cómo prolongarla, o mejor aún, cuándo terminarla manteniendo un poco de coherencia y dignidad narrativas.