lunes, 16 de febrero de 2009

Between a rock and a hard place

Como dice el dicho, el gobierno irlandés se encuentra ahora mismo entre la espada y la pared en materia económica: la espada de la criss y el paro; la pared de un déficit público descontrolado.

En una crisis de crédito y de liquidez como ésta, dicen los economistas, que son los que (se supone) saben de esto, el sector público debe sustituir al privado en la dinamización de la economía. Eso se traduce en obras públicas e inversiones que creen empleo y que aporten dinero a la población para mantener la economía en marcha. Pero eso también se traduce, lógicamente, en endeudamiento público, y eso es algo que Irlanda no se puede permitir ahora mismo.

Al contrario, ante un déficit público que amenaza con alcanzar el 13% del PIB, el gobierno está tomando medidas que en principio parece que no van a ayudar a salir de la crisis: paralización de proyectos de obras públicas, aumento de impuestos, reducción de los sueldos de los funcionarios... Con un déficit de ese calibre, la primera prioridad del gobierno es reducir los gastos y aumentar los ingresos, aunque eso suponga ralentizar aún más una economía a la que, como a perro flaco, se le suma la deslocalización de algunas de las empresas estadounidenses que impulsaban al famoso Tigre Celta.

La pregunta que se hace mucha gente ahora es: ¿cómo hemos podido pasar tan rápidamente de la euforia de los 90 a la depresión actual? Y sobre todo, ¿qué han estado haciendo los políticos irlandeses durante los años de "vacas gordas"? ¿Es que no han invertido en estructuras sociales y económicas sostenibles a medio y largo plazo, por si acaso las cartas venían mal dadas? ¿Es que a nadie se le ha ocurrido guardar nueces para el invierno? ¿No han leído la fábula de la cigarra y la hormiga?