En algún lugar de Nueva York hay una pequeña calle, estrecha y mal señalada, alejada de cualquier entrada del metro, a la que los neoyorquinos llaman Ice-cream Avenue, aunque ese no es su nombre oficial. Allí pueden encontrarse todos los posibles tipos de helado y derivados de helados que existen sobre la faz de la tierra: clásicos, vanguardistas, industriales, caseros, de marca, italianos, chinos, estadounidenses, en cucurucho, en tarrina, entre galletas, bombones helados, granizados, batidos, sorbetes, cafés frappés, zumos con hielo... Allí van las madres con sus niños, las niñeras latinas con los niños de otros, los abuelos con sus nietos y las parejas cogidas de la mano a pasear, compartir un cono de helado y hacerse carantoñas.
Los neoyorquinos tienen a gala el no compartir con los extraños la ubicación exacta de Ice-cream Avenue, que por lo tanto no aparece en ningún mapa ni ninguna guía, y quien revele su paradero corre peligro de ser expulsado de Nueva York de manera inmediata y definitiva. Para un extranjero, la única manera de llegar es encontrarla por casualidad, con asombro y sorpresa, y aprovechar esos momentos que el destino le ha concedido.
Yo estuve una vez allí, pero ya no recuerdo...
Olaf Stapledon: Hacedor de estrellas
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Título original: *Star Maker*
Año de publicación: 1937
Traducción: Gregorio Lemos
Valoración: muy recomedable (pero no para todos los gustos)
La verdad es ...
Hace 4 horas
1 comentario:
por favor,
dime que esto no es un cuento..
dime que es verdad
y que quizá un día pueda ir
a atiborrarme de helado!!
:)
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