viernes, 30 de mayo de 2008

Scotland (5): The Conference

Sí, a todo esto, yo no había ido a Stirling a dar paseos, sino a una conferencia sobre el canon literario, su situación presente, pasada y futura, la necesidad de preservarlo o dinamitarlo... En general fue bastante interesante, aunque estaba muy enfocado a la literatura en lengua inglesa, así que muchas de las comunicaciones sobre temas y ejemplos concretos no me interesaban demasiado. Mi comunicación -en inglés- fue bastante bien: sólo me trabé con la palabra aesthetically, y en general parece que gustó bastante. Además, el panel en el que me incluyeron fue interesante, porque otra chica hizo algo parecido a lo mío -analizar cómo se forma y evoluciona la historiografía literaria- pero en relación con la literatura escocesa.

Por lo demás, por lo que pude ver y escuchar, los debates en torno al canon siguen donde estaban hace ya unos años: con muchas más preguntas que respuestas (¿debemos enseñar a los "grandes clásicos" o a Madonna, Tarantino y Garfield? ¿Es necesario abrir el canon a escritores de minorías o establecer una especie de "paridad literaria? ¿Debemos los investigadores estudiar temas más sexys, que puedan atraer al gran público y, por ende, a las grandes editoriales?, etc.).

Pero lo que más me sorprendió del congreso, sin duda, es que poquísima gente utilizaba ayudas visuales (léase Power Point) o repartía hojas con citas o esquemas que ayudasen a seguir su presentación. La mayoría, de hecho, se limitaba a llegar allí con sus diez o doce hojas, y leerlas, tal cual, en el mejor de los casos "dramatizando" un poco el texto con pausas, énfasis, cambios de ritmo...; en el peor, en un tono y ritmo monótonos y monocordes. Esto ya lo había visto yo en congresos en España (por ejemplo en los de ALEPH), y pensaba, ingenuo de mí, que era por el secular retraso tecnológico de la raza ibérica; pero qué va: los británicos, el segundo barrio de la aldea global, están igual. Y así es imposible: por mucho que te interese el tema, es imposible mantener la atención comunicación tras comunicación, panel tras panel, conferencia tras conferencia. Para eso, podían repartir el texto de las comunicaciones, y ya nos lo leeremos los demás si nos interesa.

5 comentarios:

jaime dijo...

Sobre esto de la paridad en el canon he leído algo muy interesante últimamente. Boris Groys ("Sobre lo nuevo") dice que quienes reclaman la inclusión de minorías en la tradición se basan en la presuposición de que ésta responde a una lógica social. Según esto, si hay pocos negros o pocas mujeres, por ejemplo, se debe a que el grupo dominante (varones blancos) ha oprimido socialmente a estos grupos, impidiendo que expresaran su cultura propia. Es de justicia, por tanto, hacer ahora un esfuerzo consciente por introducirlos en una tradición de la que se hallan artificialmente excluidos.
Bueno, pues esto implica un error de perspectiva, según Groys. No es cierto que los grupos sociales no hegemónicos vean su praxis cultural como constitutiva de una cultura que es injustamente oprimida. Para ser vista así, como una cultura con iguales derechos que la sancionada por la tradición, esa praxis cultural debe ser reelaborada desde su exterior.
Ejemplo: nadie pensó nunca que los locos o los niños produjeran cultura de igual calidad que la tradicional (tampoco ellos mismos), hasta que llegaron el expresionismo y, después, el art brut, y reelaboraron esa praxis cultural desde fuera, valorizándola.
La gracia está en que no hay manera de hacer esa valorización, si no es relacionando cualquier cosa con la tradición aceptada. Ese constante proceso por el que la tradición se renueva, introduciendo elementos ajenos a ella, obedece a sus propias leyes, que nada tienen que ver con los mecanismos de la hegemonía social. De hecho, dice Groys, cualquier verdadero innovador cultural es siempre un traidor a su grupo social, cuyos criterios culturales se niega a admitir sin ironía.
Todo un heterodoxo, este Groys.

avellaneda dijo...

Hay dos cosillas que me han llegado del tal Groys:

1) "No es cierto que los grupos sociales no hegemónicos vean su praxis cultural como constitutiva de una cultura que es injustamente oprimida".
De acuerdo, pero ¿es siempre espontánea esta ignorancia? El control (más o menos difuso) de los medios de comunicación y, sobre todo, de educación puede ser una herramienta eficaz de control social, porque es más fácil someter a quien considera este sometimiento legítimo. O mejor aún, normal?!
Que no cunda el pánico, nada de teorías sobre conspiraciones.
Sólo me remito a "1984", "Un mundo feliz" ("Cómo me alegro de ser un beta") o a la época franquista y su visión de la guerra civil o de la mujer. Especialmente recomiendo perlas como "Lecturas graduadas", un libro de texto para el equivalente a nuestra primaria durante el franquismo.

2) "Ese constante proceso por el que la tradición se renueva, introduciendo elementos ajenos a ella, obedece a sus propias reglas, que nada tienen que ver con la hegemonía social".
No lo tengo tan claro: si consideramos la cultura (su difusión, la misma inclusión en el canon) como una herramienta de control social, podemos ver cierta retroalimentación. Por un lado, la situación de hegemonía social siempre dará más herramientas para la difusión e incluso la creación de obras (todos necesitamos "Una habitación propia"). En el otro sentido, la inclusión en la "tradición cultural" de determinadas situaciones y colectivos marginales- siendo objeto de una obra, por ejemplo, aunque el traid... autor no pertenezca al mismo- pueden denunciar y, por qué no, dar un primer paso para equilibrar esta situación.
La utopía existe...

Santi dijo...

Es interesante eso de Groys -al que no conocía, por cierto-. Lo único es que hay que tener cuidado con qué conclusiones se sacan de ello. ¿El que los negros o las mujeres no hayan luchado por su inclusión en el canon hasta hace unos años, significa que las cosas estaban bien como estaban y todos contentos, o quiere decir que la élite -los "hombres blancos heterosexuales"- imponía su visión de que las cosas estaban bien como estaban, y todos contentos? (que creo que es lo que viene a decir Avellaneda) Y que conste que en general soy escéptico con esa idea de que la cultura dominante puede convencer al individuo de casi cualquier cosa y volverlo totalmente sumiso al poder: si fuera así, no creo que las revoluciones fueran posibles...

Por otra parte, también me da la impresión de que en esa reconfiguración del canon para "aceptar a las minorías" hay a veces algo o mucho de paternalismo: me da un poco de repelús (bonita palabra) ver a un grupo de académicos blancos de clase media -como los que estábamos en la conferencia, donde una chica india y yo éramos lo más exótico- hablando de postcolonialismo, del canon de las minorías, de descentralizar la cultura occidental. Como si estuviéramos diciendo: "pobrecillos, estos africanos, vamos a hacerles un hueco entre nosotros, que también son personas aunque no lo parezcan".

avellaneda dijo...

Voy a contestar a la pregunta de Santi, mientras repito mil veces: "no volveré a toquetear cosas que no entiendo", "no volveré a toquetear cosas que no entiendo", "no volveré...", como en el post "Gremlins".

El mantra se basa en que muy a mi pesar no tengo estudios de filología, sociología, filosofía o ciencias políticas. Opté por otro campo. Esto es por el placer de aprender. Puro vicio.

Desde fuera parece que he mezclado el tema de la denuncia social con el derecho a ser reconocido como parte integrante de una cultura, de una tradición.

Lo que pretendía decir es que Greis NIEGA que entre tradición y lógica social puede haber relación alguna. En mi humilde opinión, la hegemonía social PUEDE ser un factor como otro cualquiera para este reconocimiento. No lo valoro, sólo creo/opino/intuyo que puede influir, aunque no sea de forma fundamental.

"¿El que los negros o las mujeres no hayan luchado por su inclusión en el canon hasta hace unos años, significa que las cosas estaban bien como estaban y todos contentos, o quiere decir que la élite -los "hombres blancos heterosexuales"- imponía su visión de que las cosas estaban bien como estaban?"

Desde mi perspectiva (subjetiva y sesgada ella) significa que hay prioridades al definir cuándo "las cosas están bien y todos contentos". Primero uno busca los derechos más básicos... ¿Comida? ¿Libertades públicas? ¿DERECHOS SOCIALES?
Todavía existe discriminación en el acceso y en las condiciones laborales, sin ir más lejos, en el caso de las mujeres. Hablo de España en el 2008, pero si me emociono y me remito al movimiento liderado por M.L. King, éste se inició porque una mujer se negó a ceder a un blanco su lugar en un tranvía (o era un autobús?).

El "inmigrantes abstenerse" (que sería ilegal) de algunos anuncios de alquiler, o que te despidan a alguien por quedarse embarazada (sería un despido nulo, pero preguntad por ahí), el día a día en resumen, suele importar más que el reconocimiento como parte representativa de una cultura. Por cierto, esto es lo que entiendo por inclusión en el canon o en la tradición, sea mediante una lista de obras, modelos o criterios. (¿Podrías ya de paso, Santi, darnos una definición del canon menos gráfica para autodidazztas?)

Las obras maestras de la literatura universal que hoy se conocen como tales están allí por méritos propios. Hay millones y millones de obras escritas por hombres blancos heterosexuales que NO se consideran parte del canon (por muy falocrático que lo considere Jaime). La hegemonía social no es el único factor, ni siquiera el principal. Pero no creo que estas obras hayan surgido siempre en igualdad de condiciones con otros colectivos.
No sé qué consecuencias puede tener la consideración de una obra como modelo dentro de una cultura. Pero opino que la difusión varía de obra en obra. Y quizá esta difusión podría tener influencia en su reconocimiento posterior... al menos en cierta medida.

Respecto al escepticismo sobre si la cultura dominante puede influir en el individuo... Efectivamente, Santi, en el mundo hay cada vez más canales de comunicación y muchas personas con sentido común. De hecho, he tenido profesores que trataban de estimular la capacidad crítica de la gente, intentando hacerles razonar ante toda información por muy rimbombante que fuera la fuente (que lo hiciéramos es otra cuestión).

Con todo, sigo pensando que hay una cultura dominante, y que tiende a imponer sus valores, qué le vamos a hacer. Eso sí: tampoco es que estemos en pleno nazismo o estalinismo.
Maticé el control "más o menos difuso" porque estoy de acuerdo contigo, Santi, en que las personas por lo general no somos imbéciles. Pero qué quieres, a veces tiendo a la comodidad y es más fácil seguir la cultura dominante que buscar información contrastada, o cultura... ¿alternativa?

Para terminar, junto a mis disculpas por mezclar conceptos, queda la ironía de los "académicos paternalistas". De acuerdo, pero de nuevo qué quieres qué le haga si también creo en la cooperación al desarrollo...

jaime dijo...

Jejeje, me encanta. ¿Veis como este Groys pone un buen montón de cosas patas arriba? Está bien, seré el abogado de la defensa.
Avellaneda, a tu pregunta "¿es siempre espontánea esa ignorancia?" respondería que ni siquiera puede hablarse de ignorancia. Pareces defender que la cultura de un grupo no hegemónico tiene igual valor que la tradición, sólo que ellos lo ignoran porque el grupo hegemónico les impide verlo (como un mecanismo de control social).
No estoy de acuerdo: ese valor no se le concede a cualquier subcultura (para abreviar lo de "praxis cultural de un grupo no hegemónico") más que relacionándola con la tradición, ya sea positiva (como similar a ella) o negativamente (como su opuesto). Antes de esa comparación esa subcultura no es una cultura diferente pero con igual valor, sino sólo incultura: tanto para los representantes de la tradición, como para los mismos miebros del grupo no hegemónico. Entonces, ¿qué diríamos? ¿Que tiene valor "por sí misma"? Yo creo que no: si no tiene valor para nadie, no tiene valor.
(Más exactamente: no se considera digna de ser archivada, de formar parte de la tradición; es algo profano que puede desaparecer sin pérdida: como todas esas cosas viejas que tiran nuestros abuelos y a nosotros nos parecen adorablemente "retro".)
En cualquier caso, haya o no "ignorancia", afirmas que la inclusión o exclusión de la tradición es un mecanismo más de control social. Claro, Groys no niega lo que dices respecto a que los más pudientes están mejor situados para crear y difundir cultura. Lo que pasa es que para tener éxito en esa creación (para hacer algo "nuevo", con valor cultural), deben someterse a lógica de la tradición, la cual es independiente de todo mecanismo de poder social.
Ejemplo: Felipe IV, con todos sus tercios, no habría podido convencer a nadie, si le hubiera dado por ahí, de que pintaba mejor que Velázquez. O como dice Groys: aunque uno mate a todos los jugadores y árbitros, eso no le convierte en el mejor futbolista del mundo.
La injusticia social está en el acceso desigual a la educación, pero no existe una injusticia cultural que consista en la inclusión o exclusión del canon, el cual se rige por sus propios criterios (muy poco democráticos, desde luego). Por eso -creo yo-, no hay injusticia alguna que haya que compensar mediante la inclusión de minorías en el canon.
Pero es que, aunque la hubiera, tampoco se lograría compensar de ese modo, porque siempre pasaría eso que a Santi le da repelús: la valorización sólo puede ocurrir mediante la relación con la tradición aceptada (y eso quiere decir, casi siempre, en simposios de académicos blancos). No habría modo de incluir esa supuesta cultura propia de una minoría en su estado "puro" y "original" en el canon. (Porque no hay tal cultura.)
Tampoco creo que pueda revertirse una injusticia social compensando esa imaginaria injusticia cultural: ¿realmente mejora la situación social de la mujer porque se incluya expresamente arte hecho por mujeres en el canon? Yo creo que son dos lógicas muy diferentes.
(Perdón por la extensión y gracias por ayudarme a aclarar ideas, que esto me viene genial para la tesis!)