sábado, 12 de enero de 2008

Art... crap!

Que conste, para empezar, que no soy ningún carca que piensa que después de Goya no se ha pintado nada bueno, que me encantan el impresionismo, el expresionismo e incluso buena parte de la pintura abstracta del siglo XX. Que cuando voy a una ciudad o un país nuevo, intento visitar su(s) museo(s) de arte contemporáneo, si los hay. Que cuando sale a colación la discusión sobre si el arte actual es arte o una tomadura de pelo, yo suelo estar en el lado de los que la defienden, y defienden que sigue teniendo valor artístico, y de hecho muchas veces suelo ser el único en ese lado.

E pur... a veces el arte contemporáneo es una tomadura de pelo.

Hoy he estado con Nerea y sus padres en el Guggenheim, donde ahora mismo hay dos exposiciones: una de arte vasco y otra de arte estadounidense. Y delante de algunas de las obras, tengo que reconocer que me he puesto de verdadera mala leche. O no, más bien, delante de los cartelitos explicativos de las obras: eso sí que me parece un verdadero Retablo de las Maravillas -o traje del Emperador, como se prefiera-, realizado con todo el cinismo y toda la cara dura, además.

Por ejemplo, una obra de una artista vasca, Itziar Okariz, consiste en ella misma grabada dando irrintzis, una y otra vez, todo el rato, sin parar. Nada más. Y si lees la explicación de la pared, en esa obra la artista intentaba plasmar "la lucha por la identidad en un mundo globalizado, la oposición entre lo clásico y lo contemporáneo, lo individual y lo colectivo, el signo y la acción" (algo así, cito de memoria). Otra obra era un cubo ardiendo sobre un trozo de cemento, y simbolizaba "el cuestionamiento de los mecanismos de control y de la escultura como objeto de recuerdo"; una tira de bombillas era "la oposición desde una perspectiva homosexual a los poderes fálicos del estado", una pared tenía "cualidades orgánicas"... y así todo.

Si por mí fuera, mandaría suprimir de los museos (sobre todo de los de arte contemporáneo) los carteles explicativos, y las audioguías. Así se quedarían sin trabajo -y no lo digo como mala noticia- muchos de los críticos palabreros que se dedican a vender la moto manoseando tópicos y frases sin contenido, todo muy grandilocuente y muy antisistema, y puede que también así al visitante le fuera aún más fácil darse cuenta de que lo que está mirando es una tira de bombillas, dos paneles que se mueven, un cuadro en blanco, o a una tía dando irrintzis.

En fin, me mantengo en mi postura de que existe un arte contemporáneo válido, que no todo el arte del último tercio del siglo XX y del siglo XXI merece ser quemado, pero desde luego, viendo algunas cosas que se exhiben en algunos museos, y las tonterías que se escriben a su lado, dan ganas de abandonar y dar por definitivamente perdias a la pintura y la escultura, y quedarnos con la literatura, la arquitectura, la música, artes que, por lo que parece, gozan de mejor salud.

La vena hinchada de mi cuello dixit.

3 comentarios:

Jaime dijo...

Sí, yo experimenté la misma subida de tensión arterial ante las mismas memeces (aunque no recuerdo las bombillas gays, pena). Te perdiste los estantes de Ikea, con libros, que colgaron en una pared de la Sala Rekalde, eso sí, sin explicación adjunta. El problema: ¿es posible un arte no desquiciado hoy? Creo que el arte se ha salido de sus goznes definitivamente, porque ha perdido el monopolio (sobre un cierto tipo de experiencia) del que gozó en otro tiempo. Se ha convertido en un inquilino al que echan de su piso sin explicación, y sólo puede soltar tacos y farfullar memas amenazas. ¿Triste? Bueno, el arte como lo conocemos es reciente. Vendrá otra cosa.

paaliy dijo...

creo recordar que la última vez que se me ocurrió discutir sobre esto, alguien intentó tirarme (literalmente) a una papelera

aún así, me atrevo a decir que estoy de acuerdo contigo..

eso sí, no se puede negar que lo de los poderes fálicos del estado y las bombillas gays es fascinante, jeje

CARAMELO dijo...

Creo en el arte contemporaneo, he visto cosas buenas. Quizas ese vacio de alma en muchas de las obras que podemos apreciar hoy en los museos responde a muchas carencias espirituales y sociales de nuestro sistema.
Los espacios para proyectar el "arte" han ido creciendo progresivamente en nuestros tiempos, y hay que llenarlos, si es con cosas buenas, mejor, pero si no, hay que llenarlos igual, porque una "ciudad" debe tener una oferta cultural dinamica, para poder competir con las grandes capitales culturales del mundo. Todos queremos ver siempre cosas diferentes, y los museos nos dan cosas diferentes, pero mierda, extraer el diamante de la mierda es complejo y requiere dotes que se, por tús escritos, que las tienes.
Vivimos en un mundo de cantidades no de calidades.
Lo importante es saber que cuando el tiempo deje de ser dinero y se convierta en arte, las cosas quizas podran cambiar, mientras, debemos asumir que nos toco vivir en este proceso cultural.