domingo, 16 de septiembre de 2007

Rugby

Nunca he sido un gran aficionado al rugby, pero viviendo en Irlanda, y con un Campeonato del Mundo en juego, es imposible no prestar atención. Quieras o no, acabas viendo los partidos, en casa o en algún bar.

El sábado por la noche por ejemplo estuvimos viendo a Irlanda contra Georgia: Irlanda jugó fatal, pero terminó ganando por cuatro puntos, es decir, por menos de un ensayo de diferencia. La gente estaba enfurecida, decepcionada, incluso asustada; pero bueno, ganaron y todos terminaron cantando canciones tradicionales y bebiendo Guinness (si hubieran perdido, en cambio, habrían acabado cantando canciones tradicionales y bebiendo Guinness).

El caso es que después de tragarme varios partidos, empiezo a verle su belleza épica al deporte. Es verdad que tiene sus momentos de brutalidad, con pisotones, choques de cabeza, empujones y hasta puñetazos; pero cuando el juego fluye sin interrupciones es bastante entretenido. Y si el partido está emocionante, como el del sábado, engancha.

Otra cosa que sorprende es que, como dijo una vez Alfonso, uno de los químicos de St. Andrews, es un deporte bastante noble, más incluso que el fútbol. Hay mucho contacto, mucho golpe, pero casi nunca hay mala intención; y he visto varias veces que al final del partido un equipo le hace el pasillo al otro, reconociendo su esfuerzo -y no siempre es el equipo que ha perdido el que hace el pasillo al ganador: Irlanda se lo hizo a Georgia, por ejemplo.

Si alguien quiere hacer porra sobre el Mundial, podéis dejar vuestro favorito en los comentarios. Yo apuesto por Sudáfrica, por cierto.