Ya hemos repuesto la bombilla del cuarto de baño, que llevaba fundida desde antes de vacaciones. Para ducharnos, mear o cepillarnos los dientes, teníamos que arreglarnos con el fluorescente de encima del espejo, que además parpadeaba en plan letrero-de-motel-de-película-yanqui. Pero eso se ha acabado: ahora la nueva bombilla reluce que da gusto. ¡Qué pena, con lo auto-íntimo que era ducharse en penumbras!
P.D.: ¿A quién era que le decían las monjas que había que ducharse a oscuras -o con los ojos cerrados- para evitar pensamientos y miradas pecaminosas? ¿O me lo estoy inventando?
Víctor Amat: Psicología punk
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*Idioma original*: castellano
*Año de publicación*: 2022
*Valoración*: Está bien
Empezamos mal, con una segunda persona del singular que interpela al
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Hace 15 horas
1 comentario:
no, no te lo estás inventando... pero no recuerdo a quién... ay, la cabeza. un abrazo. iván
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