miércoles, 8 de julio de 2009

VHS

Hoy, mientras reorganizaba mi habitación para que me entrasen las cosas que me envié desde Irlanda (y que por algún motivo van llegando escalonadas, aunque las mandé todas juntas) he decidido tirar a la basura casi todas las cintas de VHS que tenía almacenadas y que ya no creo que vuelva a ver nunca. No he tirado todas, porque algún día habrá que explicar a nuestros hijos cómo era eso de que guardábamos las películas en unas cajas rectangulares con unas tiras de plástico enrolladas (no valdrá de nada decir que eran "como cintas de casette grandes" porque tampoco sabrán lo que es eso).

Lo que ha sucedido con el VHS debería hacer que el CD y el DVD pusieran sus barbas a remojar -y de hecho ya lo deben de estar haciendo, con el Blu-Ray, el Minidisc y similares-: el pergamino y el papiro duraron siglos; el papel todavía está vigente como soporte (y muy vivo por cierto); en comparación, soportes como Betamax, VHS, la cinta de cassette o el disquete han tenido una existencia relativamente breve. Esto provoca un problema evidente: que los contenidos que estén almacenados en uno de estos soportes en vías de extinción corren el peligro de perderse, si no se transmiten a uno nuevo (¡ay, esas películas de la infancia en formato Super-8!).

En esto, creo, lo digital tiene una ventaja, y es la relativa independencia del contenido y el formato, con respecto al soporte. Por ejempo, un archivo mp3 puede reproducirse en un aparato pensado ad hoc para ello, pero también en un ordenador, un iPod, una Blackberry, un teléfono móvil... Del mismo modo, un libro (entendido como contenido, no como objeto) que se haya digitalizado y convertido en un formato .txt, .xml o incluso .pdf o .PUB podrá ser cargado en cualquier dispositivo debidamente preparado para ello.

Lo cual, por supuesto, es un argumento más en favor de quienes defienden la utilización de formatos estándar, que facilitarían esta reutilización de los contenidos, en lugar de los formatos privativos, que crean una dependencia con respecto a un programa, una empresa o una tecnología determinada, y que podrían llevar a que, como pasa con los VHS, determinados contenidos sean inaccesibles dentro de muy pocos años.