miércoles, 3 de junio de 2009

The Content of the Form

La existencia de formas artísticas más o menos rígidas que se repiten a lo largo del tiempo y en distintos lugares y culturas es un objeto de estudio que me parece especialmente atractivo, y que está en la base misma de la literatura comparada (o de algo más amplio, que podría llamarse "estudios culturales comparados"). Pensemos por ejemplo en el soneto: su nacimiento en Italia, su expansión por toda Europa, sus cultivadores ilustres en España, Inglaterra, Francia... O cómo los escritores contemporáneos (Blas de Otero, Miguel Hernández...) lo han respetado y modernizado simultáneamente. O la novela detectivesca: cómo ha ido reflejando los cambios en la literatura y en la cultura occidental de los últimos 150 años.

Pero como decía, esto no es algo que suceda sólo con la literatura: podrían hacerse (y de hecho seguro que ya existen) estudios sobre la evolución del "bodegón", de la "obertura", de las chick flicks (películas para chicas y/o para adolescentes). O un caso del que me voy a permitir poner unos cuantos ejemplos: el vals, ese baile de ritmo ternario que solemos asociar con Viena y con el Concierto de Año Nuevo. No deja de ser curioso observar cómo se establece el vals como género, cómo se repiten ciertos aspectos centrales, y cómo luego estos aspectos se abandonan y los compositores comienzan a "jugar" con el género. O cómo en la actualidad todavía es fácil escuchar ritmos de vals (y canciones autodeminadas "valses") en el pop contemporáneo...

Van ejemplos, para que se vea de lo que hablo:

Valses clásicos:
-Strauss: "El Danubio Azul"

-Waldtuefeld: "Vals de los patinadores"

-Tchaikovsky: "Vals de las flores"


Valses rupturistas

-Sibelius: "Valse triste"

-Berlioz: "Un baile" (de la Sinfonía Fantástica)

-Vals de Khachaturian


Valses contemporáneos:
-BSO de Amelie: "Valse des vieux os"

-Leonard Cohen: "Take this waltz"

-Joaquín Sabina: "Y nos dieron las diez"


Si no existieran reglas (no escritas ni normativas, sino implícitas y descriptivas) no existirían los géneros; pero si no existiera la divergencia y la innovación, los géneros perderían muy rápidamente su atractivo (y algunos lo hacen: ¿quién escribe hoy en día novelas pastoriles, cantatas u oratorios). En el fondo, se trata solo de otro ejemplo más de esa tensión "entre lo uno y lo diverso" de que hablaba Claudio Guillén...

2 comentarios:

Jaime dijo...

¿Cómo que quién? ¡Yo estoy deseando jubilarme para pasarme el día componiendo motetes dodecafónicos!

paaliy dijo...

acabo de leer que "luna de xelajú" también es un vals! :)