Sí, a todo esto, yo no había ido a Stirling a dar paseos, sino a una conferencia sobre el canon literario, su situación presente, pasada y futura, la necesidad de preservarlo o dinamitarlo... En general fue bastante interesante, aunque estaba muy enfocado a la literatura en lengua inglesa, así que muchas de las comunicaciones sobre temas y ejemplos concretos no me interesaban demasiado. Mi comunicación -en inglés- fue bastante bien: sólo me trabé con la palabra
aesthetically, y en general parece que gustó bastante. Además, el panel en el que me incluyeron fue interesante, porque otra chica hizo algo parecido a lo mío -analizar cómo se forma y evoluciona la historiografía literaria- pero en relación con la literatura escocesa.
Por lo demás, por lo que pude ver y escuchar, los debates en torno al canon siguen donde estaban hace ya unos años: con muchas más preguntas que respuestas (¿debemos enseñar a los "grandes clásicos" o a Madonna, Tarantino y Garfield? ¿Es necesario abrir el canon a escritores de minorías o establecer una especie de "paridad literaria? ¿Debemos los investigadores estudiar temas más
sexys, que puedan atraer al gran público y, por ende, a las grandes editoriales?, etc.).
Pero lo que más me sorprendió del congreso, sin duda, es que poquísima gente utilizaba ayudas visuales (léase Power Point) o repartía hojas con citas o esquemas que ayudasen a seguir su presentación. La mayoría, de hecho, se limitaba a llegar allí con sus diez o doce hojas, y leerlas, tal cual, en el mejor de los casos "dramatizando" un poco el texto con pausas, énfasis, cambios de ritmo...; en el peor, en un tono y ritmo monótonos y monocordes. Esto ya lo había visto yo en congresos en España (por ejemplo en los de ALEPH), y pensaba, ingenuo de mí, que era por el secular retraso tecnológico de la raza ibérica; pero qué va: los británicos, el segundo barrio de la aldea global, están igual. Y así es imposible: por mucho que te interese el tema, es imposible mantener la atención comunicación tras comunicación, panel tras panel, conferencia tras conferencia. Para eso, podían repartir el texto de las comunicaciones, y ya nos lo leeremos los demás si nos interesa.