Cuando el avión empieza a descender, y se mete entre las nubes, casi siempre suele haber pequeñas turbulencias -a veces, no tan pequeñas-: algunas sacudidas que hacen que te alegres de llevar el cinturón de seguridad atado. Lo mismo pasa cuando el avión extiende sus alas -literalmente- y saca las ruedas para aterrizar, y las vibraciones del avión se multiplican. Y luego, cuando el suelo ya está realmente cerca, ya la gente y los coches han recuperado casi su tamaño real, hay unos momentos en los que no se sabe cuándo van a posarse las ruedas, con suavidad o con violencia; dura unos segundos, y luego se oye el roce de la goma contra el cemento, y el rugido de los frenos y de los motores al abrirse.
Esta es mi parte preferida del vuelo.
2*1: Kabluna. Mi vida entre los inuits de Gontran de Poncins y La hija del
gran invierno de Isabelle Autissier
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Podría decir que esta reseña 2*1 obedece a la temática común de los libros
(el mundo inuit), a la nacionalidad de los autores (francesa) o al hecho de
co...
Hace 1 día
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